TANGIBLE CLARIDAD
Cruel y extremadamente violenta son dos de los calificativos que lleva en su carta de presentación una película que se nos antoja curiosa.
Curiosa por su mezcla de estéticas, por sus momentos de grandeza -comienzo-, por algunas imágenes de gran intensidad dramática -lo que ha sido de la hija de Titus- y también, por qué no, por sus picos de vulgaridad que la enfangan deviniendo en execrable pero que a su vez la elevan a la intemporalidad.
Una historia de venganzas que abandona el texto y se instala en la pantalla para recordarnos la tangible claridad de la oscuridad del alma humana.
NI VENECIA
Leo que es una obra maestra del horror psicológico y automáticamente me llama la atención la película.
Protagonizada por Julie Christie (siempre me gustó) y Donald Sutherland (nunca me gustó pero nada se podía hacer), comienza con una de esas inquietante y lluviosa puesta en escena a la que son tan aficionados los directores de terror en general y los ingleses en particular.
...Y lo que prometía en maneras se va deshaciendo en modos a los pocos minutos de comenzada la proyección.
No ocurre nada y lo más inteligente es el bostezo apenas despabilado por alguna secuencia que por repetitiva -en intención- no conduce más que al convencimiento de que estás ante un subproducto sin pies ni cabeza.
Resulta confusa y absurda a partes iguales y ni siquiera Venecia, presentada aquí como una ciudad sucia, muerta y maloliente -te quita las ganas de conocerla si no lo has hecho- salva la parte visual de semejante engendro.
MATER AMANTÍSIMA,
MATER DOLOROSA.
Cuentan las crónicas que la vida de los pueblos se paralizaba enteramente mientras se estaba radiando...
Porque, Ama Rosa, antes de hacerse imágenes, nació en 1959 como un serial radiofónico que se convirtió en un auténtico fenómeno de masas.
Pionera del género folletinesco en las ondas, saltó a la gran pantalla con Imperio Argentina en su papel estelar.
La viuda pobre, enferma e impresionantemente abnegada que soporta todo tipo de maltrato emocional y físico en aras del bienestar de su hijo, se encuadra en ese tipo de cine de carácter moralizante tan en boga en la época.
Rosa es la madre amantísima, la madre dolorosa...
En ella sí se cumplen las letanías.
PASSIFLORA
Un alto en el camino a casa para contemplar la belleza de una de las flores más enraizadas en la cultura popular desde que los conquistadores españoles la descubrieron en Perú.
La imaginación del pueblo ve en la extraña flor de las pasionarias varios de los atributos que caracterizan el episodio de la pasión de Cristo.
Así, se puede entrever la corona de espinas que le pusieron en la cabeza, los tres clavos con que fue fijado a la cruz, las cinco llagas que laceraron su cuerpo y las cuerdas con que lo ataron.
Singular y espléndida en su arquitectura, nació con el don de no pasar desapercibida.
TRIBULACIONES POST MORTEM
Había una vez un obrero ejemplar que fue enterrado con su carnet laboral... así comienza esta muy bien construída sátira sobre la burocracia cubana de los años posteriores a la revolución.
Si alguna vez alguien dijo que "hacer buen cine" es lograr que el espectador se identifique con la historia que se nos está contando, Tomás G. Alea puede jactarse de haberlo conseguido con creces.
Su narración fílmica traspasa fronteras y, todavía hoy, es difícil encontrar a alguien que no haya sufrido personalmente la sensación de sentirse atrapado en los laberintos administrativos a partir de algún problema de lo más simple y elemental.
De oficina en oficina, de funcionario en funcionario -impresionante la caracterización psicológica de cada uno de ellos en apenas unos minutos- las tribulaciones de Juanchín irán en aumento con cada una de las absurdas situaciones que le toca vivir.
Tragedia para el protagonista y divertidísima comedia negra para el espectador, es hora de tomar venganza.
Y las venganzas también pueden ser poéticas.
LA REINA
El rostro de Montez aparece en primer plano totalmente iluminado y mira directamente a la cámara, baja sus ojos simulando vergüenza pero no puede evitar mirar de nuevo a la cámara... entonces entra un plátano en la escena.
Así, durante unos tres minutos aproximadamente, Mario recreará con el auspicio de Warhol un acto de autoconsciente provocación porque nos mira, -no lo pillamos in fraganti- nos mira y parece decirnos: "ved lo que puedo hacer con este plátano".
Como personaje, actúa y se adapta a lo que pide la cámara que le observa.
La reina es afeminada, intensa, oral, deseosa y excéntrica.
Está hecha para mirarla.