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miércoles, 3 de octubre de 2012

EL SORPRENDENTE DR. CLITTERHOUSE (1938)

CUANDO BOGART NOS MIRÓ

Ocurre alrededor del minuto 55 de la película.
Bogart aparece en segundo plano detrás de Edward G. Robinson quién dirige la palabra a un grupo de personas.

La atención de Humphrey también está puesta en dicho grupo pero, en un momento dado, sus ojos cambian de dirección y miran directamente a la cámara.
En esa fracción de segundo "se sale de la escena", abandona su papel. 

Qué es lo que vio en aquel momento o lo que entonces pasó por su cabeza nunca lo sabremos, pero la sensación que produce en el espectador es la de alguien que nos está mirando fijamente a través del tiempo. 

Un fallo que se nos antoja curioso por lo excepcional.

viernes, 28 de septiembre de 2012

HUMPHREY BOGART

EL SEÑOR DE LOS CIGANILLOS
 
La mayor leyenda de la historia del cine(1) sigue fascinando a millones de personas de todo el mundo.
Si el arte de hacer cine tiene la peculiaridad de ser un producto colectivo  -que a veces pesa como una maldición-  Humphrey Bogart fue uno de los pocos gigantes que cruzó dando zancadas ese terreno baldío en que a veces se convierten las películas. Su presencia per se hacía disfrutable la cinta.
     
Sin poseer un rostro agraciado según los cánones convencionales de belleza e interpretando el mismo tipo de papel una y otra vez, consiguió lo más difícil: seguir despertando interés a pesar de repetirse.
¿Cuál fue su secreto?
 
"No importaba que jugara al póker hasta el amanecer ni que tomara coñac como desayuno: siempre llegaba a la hora al estudio, arreglado y sabiéndose a la perfección el papel que interpretaba." cuenta de él Truman Capote en su libro Retratos.

De estas declaraciones cabe suponer que la "profesionalidad" era una de sus virtudes y, evidentemente, no la única. Desempeñar un trabajo con capacidad y eficacia es sinónimo de individuos competentes, pero en el cine eso no basta. Si ya hemos comentado que la versatilidad no era su fuerte, ni tampoco "la belleza", su magnetismo debía provenir de dentro. Tenía la capacidad de traspasar la pantalla con esa personalidad que hombres y mujeres admiran y que, sin lugar a dudas, era parte de su código moral también fuera del celuloide. Nunca nadie fue "tan honesto" a la hora de mostrarse en público.

Anillos de Bogart

Sus tantas veces nombrados eternos cigarrillos, su gabardina, sombrero, y sus  -recién descubiertos para mí-  anillos, configuran la negra silueta reconocible que sólo los grandes iconos poseen. 








(1) Título concedido por el Instituto de Cine Americano. 
 

domingo, 27 de febrero de 2011

LA SENDA TENEBROSA (1947)

MALA SUERTE

Me pregunto cómo este hombre pudo escapar de San Quintín.
Tanta mala suerte es inaudita.

Para dos cosas que le salen bien - insólitas también, todo sea dicho - diez le resultan catastróficas.

Y sin embargo, lo sobrelleva con admirable bizarría, como si con él no fuera, obviando consecuencias y con su mirada puesta en una playa a la espera del amor.
Encomiable actitud.


Un guión tan desastroso sólo podrían mantenerlo a flote Bogart y Bacall. Juntos alimentan la leyenda y nos permiten disfrutar de la química de sus miradas.

Saltarán chispas, quizá prendan la pantalla.
Sólo por eso la película vale la pena.