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sábado, 12 de marzo de 2011

PLATOS DE COCINA CASTELLANA

Aquí tenemos unas recetas copiadas del diario Hogar y Pueblo en su edición del 10 de noviembre de 1934.
Austeras, sencillas y económicas.

CALDO DE LEGUMBRES Y VERDURAS

Para cada litro de agua una jícara* de lentejas, otra de habichuelas, otra de judías encarnadas, zanahoria, puerros, perejil y coliflor.

Se sazona de sal, se compone con aceite frito, después de pasado el caldo por el tamiz.
Es propio para niños y convalecientes.


*Jícara (tacita pequeña): Americanismo proveniente del nàhuatl, lengua de los aztecas. (Wikipedia)


SOPA DE HUEVOS

Se pone la sopa bien fina a rehogar con manteca o aceite.

Se echa el caldo sazonado de sal y unas avellanas tostadas y bien molidas y cuando está a punto se echa un huevo y si se quiere más fina se baten los huevos mezclándolos bien antes de servirla.


TALLOS DE ALCACHOFAS

Bien limpia y cortada a trozos se pone en agua hirviendo procurando meter muy pocas de una vez para que no cesen de hervir.

Para que no estén amargas se tiene preparada más agua hirviendo, se le cambia y entonces se añade sal.

Cuando están cocidas se quita el agua y se fríen en la sartén unos trozos de jamón y chorizo que se echa a la verdura; en aquella grasa se fríe cebolla, se echa una cucharada de harina, se fríe, y cuando se tuesta se vierte sobre las alcachofas haciéndolas rehogar un rato.

Resultan exquisitas.


PASTEL DE COLIFLOR

Tres cuarterones de ternera bien guisada, dos huevos bien batidos y un cogollo de coliflor, con todo se hace una pasta.

Se pone en una cacerola mitad manteca y mitad aceite hasta cubrir el fondo de la misma. Cuando está caliente se colocará una jícara boca abajo y la pasta va echándose alrededor de la jícara y se tiene con fuego lento arriba y abajo una media hora hasta que se dore.

ESTAMPA DE LA HABANA VIEJA


 ¡Cuán veloz transcurre el tiempo! Me imagino fue ayer el día de nuestra despedida Habana mía. Fue tan honda, tan sincera y sentida que perdurará eternamente en mi memoria.

Yo bien sé que para juzgar a un hombre, para conocer a un pueblo, para descubrir los rasgos esenciales de una sociedad, hay que acercarse a ellos lo más que se pueda, estudiarlos en su medio histórico, hacernos por un momento ciudadanos de su país, huéspedes de su morada, amigos suyos, hermanos suyos. No hay conocimiento posible sin un poco de fe, sin un mucho de amor. Y yo te aprecio, te amo, pueblo humilde, y de ti tengo mi juicio formado.

Por uno de esos designios de la vida, a los cuales hemos de someternos pacientes, hubimos de separarnos después de haber convivido cerca de veinte años. Y al decirte adiós después de tan larga permanencia, pueblo alegre, sencillo y culto, sentí cual si por arte de magia te apoderases de mi mayor alegría.

Y hoy como ayer, y mañana como hoy, recordaré tus costumbres sencillas, tu iglesia recogida, tu escuela bulliciosa, tus calles limpias... Y sobre todo ello, los que para mí ocupan un lugar preferente son tus hijos empapados en nobleza, amantes del trabajo, llenos de humildad, de una humildad que los caracteriza y los hace permanecer dentro de su marco sin desviarse ni un ápice dando con ello un mentís a tantos que sin contar con sus medios alardean y presumen dándose boato.

Sigue tus derroteros, pueblo amado, y que jamás te inficione la soberbia, ni la adulación te altere.
Hoy, aunque lejos de tu vera, mi cariño y gratitud son para ti, y confiar puedes que me será imborrable tu recuerdo.

                                                                                   Publicado por FLOCA, Burgo de Osma 1932

miércoles, 24 de noviembre de 2010

EL CAPITONÉ


El Capitoné es un carruaje de cuatro ruedas de tracción animal inventado a finales del siglo XIX, su fisonomía se asemeja a un gran cajón con una longitud igual a la de los vagones de tren. Las puertas traseras giran alrededor de ejes verticales si no se cierran con llave y candado. Su destino era el transporte de muebles, sin necesidad de embalajes, en  ferrocarril.

Capitoné de los años sesenta
Posteriormente, los vehículos a motor especialmente preparados para el transporte del mobiliario de una casa, tomaron este nombre.

Muchos confiaron a sus paredes tapizadas de guata sus enseres más preciados.

viernes, 5 de noviembre de 2010

EL CAPITÁN TRUENO

Fue junto con El Corsario de HierroEl Jabato una de mis lecturas infantiles de verano. Sin duda, la preferida.

Desde el blanco y negro de sus cuadernos apaisados hasta Trueno Color, consiguió interesarme este paladín de amistades inquebrantables, valiente novia perpetua y rasgos Hudsonianos.

El defensor a ultranza de débiles y oprimidos nos transportó de un país a otro con la conciencia tranquila y el ánimo imperturbable de un caballero andante.
Nos reímos con Goliath y sus excesos, compartimos las aspiraciones de Crispín, sufrimos con Sigrid y fuimos partícipes del espíritu de solidaridad que impregnaba las viñetas.

A sus páginas quedaron por siempre ligadas las impresiones de una infancia, ávida de aventuras, dentro de un mundo en el que todavía los conceptos del bien y del mal aparecían perfectamente definidos.