EL TIEMPO CIRCULAR
Si por algo nos gustó Vida de Oharu, mujer galante es por su peculiar belleza plástica que evoca en el observador el refinamiento de los grabados japoneses.
Una forma de hacer cine en la que destaca el movimiento horizontal de la cámara creando escenas que acentúan los momentos de mayor dramatismo.
Mizoguchi confronta a sus personajes, juega con el encuadre, y transmite al espectador la tensión del melodrama gracias a esa buscada oposición entre fuerzas contrarias.
De estructura circular -comienza y finaliza en el mismo punto- y episódica, Oharu, rememora su desdichada vida desde el shogunato donde ejerce de cortesana hasta los prostíbulos de las afueras de Tokio en que acaba vendiendo su cuerpo.
Sus momentos de felicidad siempre se muestran breves en comparación con los bloques secuenciales más dramáticos y, sin lugar a dudas, este tipo de decisiones a la hora de rodar refuerza la concepción pesimista y trágica del filme.
La figura de la mujer sometida a los arduos estamentos de la férrea sociedad feudal japonesa. Una denuncia pasiva y de la que desde el principio intuimos, no hay defensa posible para la heroína.
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lunes, 8 de julio de 2013
martes, 4 de junio de 2013
EL OCASO DEL SAMURÁI (2002)
AMOR DE PERDEDORES

El cine es sin duda un reflejo de nosotros mismos y de nuestras relaciones, recoge una serie de actitudes y estados de ánimo que nos influyen, nos contagian y nos aportan.
Una de sus principales características es el sentimiento de empatía que podemos -o no- sentir hacia los personajes.
Nos identificamos con figuras ganadoras, éticas o de gran fortaleza pero también con personajes no tan “identificables”, como con el malo, el amoral o el débil.
Y es entre estos últimos personajes “malditos” donde se encuentra la figura del perdedor, un papel muy goloso para un actor por la cantidad de matices que conlleva, desde la mayor de las comicidades hasta el más profundo de los dramatismos. El sufrimiento, la “mala suerte” y el descontento de un perdedor se puede enfocar desde muchos ángulos.
Cuando vemos a un perdedor en el cine lo conocemos todo de él, entendemos las razones de por qué es un perdedor y entonces deja de ser un perdedor.
Así se las gasta la gran pantalla.
Naturalmente, esto no suele ocurrir en la vida diaria porque sólo vemos la parte negativa de las personas y eso nos impide empatizar con ellas.
Una buena moraleja: conoce más a la gente que te rodea como si de personajes de cine se tratase, y ya verás como los entiendes.
O no.

El cine es sin duda un reflejo de nosotros mismos y de nuestras relaciones, recoge una serie de actitudes y estados de ánimo que nos influyen, nos contagian y nos aportan.
Una de sus principales características es el sentimiento de empatía que podemos -o no- sentir hacia los personajes.
Nos identificamos con figuras ganadoras, éticas o de gran fortaleza pero también con personajes no tan “identificables”, como con el malo, el amoral o el débil.
Y es entre estos últimos personajes “malditos” donde se encuentra la figura del perdedor, un papel muy goloso para un actor por la cantidad de matices que conlleva, desde la mayor de las comicidades hasta el más profundo de los dramatismos. El sufrimiento, la “mala suerte” y el descontento de un perdedor se puede enfocar desde muchos ángulos.
Cuando vemos a un perdedor en el cine lo conocemos todo de él, entendemos las razones de por qué es un perdedor y entonces deja de ser un perdedor.
Así se las gasta la gran pantalla.
Naturalmente, esto no suele ocurrir en la vida diaria porque sólo vemos la parte negativa de las personas y eso nos impide empatizar con ellas.
Una buena moraleja: conoce más a la gente que te rodea como si de personajes de cine se tratase, y ya verás como los entiendes.
O no.
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